El último valle: la masacre de los franceses en Vietnam - Biblioteca de Cartago

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domingo, 4 de julio de 2021

El último valle: la masacre de los franceses en Vietnam

En 1954, el poderoso ejército colonial francés desplegado en Indochina iba a sufrir en el remoto valle de Dien Bien Phu un revés definitivo que precipitaría la independencia de Vietnam





«Llevamos combatiendo cincuenta días. ¡Un auténtico infierno! Los viets nos están bombardeando con sus “orgues de Staline”–lanzacohetes múltiples de doce tubos, recordaría el sargento Kubiak, del primer Batallón de la 13.ª Media Brigada de la Legión Extranjera, en los de Narvik y los de Bir Hakeim, entre otros muchos escenarios de la Segunda Guerra Mundial–, y mi sector estaba siendo particularmente atacado. Una vez más, siento que es el fin del mundo, y no soy el único. En la oscuridad, me persigno. La intensidad de la fe cuando uno cree que la muerte le está rondando es extraordinaria. Una esquirla me hiere en la cara [...] mana la sangre y casi pierdo el conocimiento [...]. Tengo mi automática bien situada, en el buen momento. Una nueva oleada de viets viene contra nosotros. Fuego independiente. La muerte viene por cada esquina. Los hombres caen como moscas, en ambos bandos». Era el 5 de mayo de 1954 y el sargento fue uno de los miles de combatientes que, sitiados con las tropas francesas o sitiadores de las divisiones de choque vietnamitas, se desangraban en un lejano valle de las montañas de Tonkín llamado Dien Bien Phu. Entre los motivadísimos defensores había franceses, alemanes, italianos, españoles y combatientes de otras muchas naciones enrolados en la Legión Extranjera; y también Tirailleurs coloniales marroquíes y argelinos o combatientes locales tai y vietnamitas –que no solo formaron batallones propios, sino que llegaron a sumar más de un tercio de los batallones galos–. Se enfrentaban a un enemigo no menos decidido, pues enarbolaba una bandera poderosa, la de la independencia.

Vietnam había sido una colonia francesa desde el siglo XIX, hasta que los acontecimientos bélicos de la Segunda Guerra Mundial la pusieron bajo el dominio del Imperio japonés. Por aquel entonces un revolucionario que se hacía llamar Ho Chi Minh, asistido por el que sería uno de los mejores generales de la historia, Vo Nguyen GIap, organizó el Viet Minh y su ejército, primero una guerrilla, que fue creciendo en efectivos y motivación hasta aprender a desplegar auténticas unidades regulares. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Francia, que había conseguido sentarse a la mesa de los vencedores «in extremis», necesitaba recuperar su estatus de gran potencia y volvió para recuperar la colonia arrebatada.

Sin embargo, por entonces los habitantes de Indochina habían descubierto que los europeos no eran invencibles y la guerrilla que se había opuesto a los japoneses trató de hacerse con el control del país. Durante el verano y el otoño de 1945 Ho Chi Minh consiguió dominar tanto Hanói como Saigón, e instaurar un Gobierno provisional, pero todo terminó con la llegada del contingente colonial galo. Acababa de empezar una contienda que duraría una década.



La Primera Guerra de Indochina o Guerra de Indochina a secas, por oposición a la de Vietnam, que sería la segunda, fue un largo pugilato entre el recién creado Ejército Popular de Vietnam (EPVN) y el Cuerpo Expedicionario Francés en Extremo Oriente (CEFEO), que, formado para combatir en Europa, tuvo que reinventarse para controlar las amplias extensiones de un país selvático, montañoso, extraordinariamente húmedo y con escasas vías de comunicaciones. Con solvencia, solo lo consiguió en la Cochinchina, el sur del país, relativamente en Annam, la alargada región central, y mucho menos en Tonkín, el territorio más rico, en el norte. Para Francia, más preocupada por la reconstrucción del país tras la guerra mundial, este nuevo conflicto pronto se hizo insostenible. No había táctica militar que sustituyera la voluntad política de acabar con aquello y, poco a poco, se impuso la idea de organizar una conferencia internacional que encontrara una solución al problema. Sería la de Ginebra. Pero antes el Gobierno francés decidió que era necesaria una victoria contundente para llegar con ventaja a la mesa de negociaciones, y los estrategas decidieron crear una gran base aeroterrestre en las montañas de la frontera con Laos, en aquel valle de Dien Bien Phu.



El objetivo era obligar al EPVN a concentrar sus divisiones regulares, fuerzas perfectamente organizadas que habían evolucionado de la guerrilla inicial, para que se desangraran en sus asaltos a los campamentos fortificados y acabaran por ser derrotadas. No contaron con la capacidad logística de los vietnamitas, asistidos por la República Popular China de Mao Zhedong, que consiguieron traer artillería de campaña y antiaérea para colocarla alrededor de la cubeta, estrangulando la propia logística de los franceses, cuya base dejó de ser un puñal dirigido al corazón del enemigo para convertirse en Fort Apache sitiado en medio de un inmenso territorio hostil. Los combates comenzaron el 13 de marzo. La destrucción, aquella noche, de un batallón completo de la Legión Extranjera fue el inicio de la paulatina reducción de las posiciones francesas hasta que, el 7 de mayo, estas se rindieron. «Repentinamente –recordaría Kubiak– oigo cómo el jefe del batallón maldice como un soldado. Me giro hacia donde está mirando y veo una bandera blanca ondeando sobre el puesto de mando del general». Tras el fracaso de los militares vino el de los políticos. Harto de guerra, Pierre Mendès France, el nuevo presidente del Consejo de Francia, conminó a sus representantes en Ginebra para que llegaran a un acuerdo y Vietnam quedó partido en dos por el paralelo 17, quedando la puerta abierta para una nueva guerra.





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