¿Por qué arrasan los libros "de derechas"? - Biblioteca de Cartago

Lo último...

lunes, 7 de junio de 2021

¿Por qué arrasan los libros "de derechas"?

 La lista de los ensayos más vendidos se ha llenado de títulos que cruzan la línea de la corrección política y disparan a la línea de flotación de las políticas progresistas.


La gente de derechas lee mucho. Y en particular, política e historia«. Este fue uno de los consejos que hace ya años el editor Joaquín Palau le dio a su hijo Álvaro, hoy los dos al frente del sello Arpa, que publica ensayos de cariz progresista, pero también más moderado. La advertencia rompía con ese mantra lleno de prejuicios que muchas veces se mueve en los círculos de la izquierda, «ese que dice que la gente de derechas es tonta, inculta… Y para nada. No solo no lo son, sino que a veces además tienen un poco más de dinero, por lo que son los que consumen más cultura», recuerda Álvaro a El Confidencial.

Para refrendar estas palabras, ahí están los datos, según han revelado varias fuentes a este periódico: ‘Madre patria’ (Espasa), del argentino Marcelo Gullo y que da vueltas, una vez más, sobre la leyenda negra al estilo del exitoso ‘Imperiofobia’, de Elvira Roca Barea, se ha colocado el número uno en las listas de ventas de la pasada semana con 1.000 ejemplares vendidos, cuando lo habitual en una semana son 100. Y en estos primeros puestos también se han colado estos días ‘Tiempo de hormigas’ (B de Bolsillo), de Antonio Pérez Henares, contra «el neototalitarismo», «la progrecracia» y «el hembrismo», ‘La vuelta del comunismo’ (Espasa), de Federico Jiménez Losantos, ‘1917. El Estado catalán y el soviet español’ (Espasa), de Roberto Villa García, o ‘La verdad de la pandemia’ (Planeta), de Cristina Martín, que es una crítica a la gestión que el Gobierno ha hecho de la crisis del coronavirus.


Se puede pensar que algo de esto ya pasaba antes, pero ahora el fenómeno ha explotado. Hace años, por esas mismas listas pululaban autores como Pío Moa o César Vidal, con sus libros sobre la historia española y, sobre todo, la Guerra Civil. Y Federico Jiménez Losantos, con sus libros anteriores, también atesoró un público lector muy considerable. No obstante, los títulos citados no es que tengan una línea conservadora, sino que embisten directamente contra la corrección política y son un disparo en toda la línea de flotación de las políticas y valores de la izquierda. En realidad, contra ‘lo progre’, sea eso lo que sea. Ya no son cuatro clamando en el desierto. ¿Qué esconde este ‘boom’ editorial de la libertad airada?

A la sombra de Jordan B. Peterson

Ahora también nos llegan títulos que proceden de Estados Unidos, donde saben bastante de este asunto, sobre todo desde la presidencia de Donald Trump, como ’12 reglas para vivir. Un antídoto al caos’ (Planeta), de Jordan B. Peterson, que entusiasmó principalmente a lectores hombres, que no suelen ser los que más cogen un libro (según todas las estadísticas), y el más reciente ‘No quemes este libro. Huye de la mafia progre’ (Planeta), de su discípulo Dave Rubin, que pretende enseñarte, entre otras cosas, a «dejar de odiarte por ser un hombre blanco». Ya en el ámbito nacional, a estos libros se unen otros contra el feminismo, como ‘La mafia feminista’, de Cristina Seguí, y los que, sin llegar a ser antisistema derechista, directamente critican a la izquierda, como ‘La traición progresista’ (Península), de Alejo Shapire.

Superioridad cultural… de la derecha


Ahora mismo, no hay superioridad editorial ni cultural de la izquierda. Y, de hecho, es más fácil publicar y promocionar a un autor conservador que a uno progresista”, afirma tajante Tomás Rodríguez, editor de Akal, sello que se mueve en coordenadas del lado rojo del tablero. Compara el momento con lo que sucedió en otras épocas. “Entre 1996 y 2004, cuando España era esencialmente neoliberal, publicar desde la izquierda fue harto complicado. Sin embargo, a partir de 2011 emergieron muchas (pequeñas) editoriales de izquierdas y las grandes también apostaron por títulos de izquierdas”, rememora. Al calor de la crisis económica y financiera —y del surgimiento de partidos como Podemos—, llegaron los años del estallido editorial del feminismo, también del ecologismo y las creencias thoureurianas. Pero eso se acabó. “Ahora es un momento de regresión en la emergencia de la nueva política y este tipo de libros son nichos de aquellos que dominan el campo de la opinión pública”, asegura este editor.


Otros colegas, quizá menos contundentes, también observan el fenómeno. Como Álvaro Palau, que señala que hoy en día “está ese público conservador de toda la vida, que es bastante lector, como por ejemplo la gente que lee Historia de España. Pero es verdad que ha entrado ese perfil más nuevo, que son los conspiracionistas y luego los antifeministas y la extrema derecha. Lo que pasa es que si amplías el foco, luego hay de todo”. Por ahí se mueve a su vez Emili Albi, editor de Ariel, sello al que acaba de llegar y que hasta ahora ha publicado ensayos con una visión moderada. “Es más una percepción, porque luego las ventas en ensayo son las de autores mediáticos y los libros de cocina, las bacterias y los clásicos de autoayuda”, afirma, pero concede que “sí hay una reacción a la realidad: por ejemplo, como el feminismo es muy militante, por ahí han salido los libros de Seguí”.

Miguel Aguilar, de Debate, sello con una línea moderada-progresista, sostiene que “es posible que los libros de derechas reciban ahora una mayor atención por las guerras culturales, y por eso se pone más el foco, pero a mí no me parece que sea un fenómeno nuevo. Antes estaban los libros de Aznar o los de Mario Conde, como ‘Carta a un joven español’, que vendieron muchísimo”. Además, según él, también se están publicando otros muchos con una línea de izquierdas. “Ahora, con la ley trans, han aparecido muchos ensayos sobre lo queer, tienes a autores como Paul Preciado y otros tantos en el campo de ecología”, sostiene. Y, además, también cree que hay muchos libros que, en un principio, no tienen ningún tipo de etiqueta ideológica, “pero como estamos en estos tiempos, enseguida entran en los debates de guerra cultural, como ha pasado con ‘Feria’ u ocurrió con ‘La España vacía”.


EEUU sigue siendo nuestro Imperio romano. En eso sí coinciden los editores. Gran parte de esta tendencia más o menos nueva viene de allí y de lo que se ha vivido en ese país en los últimos años (y casi décadas) hasta desembocar en una polarización política casi extrema. Porque ni los libros, ni los autores ni las temáticas aparecen nunca por generación espontánea. “Ahora, las agencias internacionales nos mandan mucho material de derechas. Llega gente como Jordan B. Peterson, todo ese tipo de libros. Para el mundo occidental, EEUU todavía marca el paso, aunque ahora esté con ese conflicto con China. Hay un giro a la derecha tremendo y con Latinoamérica está empezando a suceder. Empiezan a tener ese tono de libros derechistas”, manifiesta Emili Albi. Para Aguilar, también es bastante obvio que “los debates que se dan allí se trasladan inmediatamente a otros países. Y eso que a veces no es tan fácil, como por ejemplo aquí con el racismo, pero estamos publicando a Amanda Gorman y metidos en la polémica de quién la traduce”.


Pero no se trata solo de echar balones fuera. Hay una cuestión nacional y no se pueden obviar ciertos asuntos que están sobre la mesa y que, aunque borboteen mucho por las redes y parezcan fuegos artificiales, como dice Aguilar, “también hay un debate real”. “La coyuntura política es muy importante, la eclosión del feminismo se ha utilizado políticamente, el ‘procés’ lo ha tensionado mucho todo y la unidad de España ha vuelto a estar en el foco”, admite Albi.

Palau ratifica que la izquierda, hasta ahora, siempre ha ganado las guerras culturales. Temas como el aborto o el matrimonio gay, defendidos por la izquierda y muy contestados por la derecha, son hoy en día derechos que usan personas de cualquier ideología. Sin embargo, dice este editor, “la derecha desde hace años está oponiendo cierta resistencia mucho más organizada desde paradigmas políticos que están funcionando bien: la conspiración, la extrema derecha y la nostalgia”. Es decir, ya no son discursos que se lanzan en el desierto (como podían hacer Pío Moa u otros), sino que hay una mayor elaboración y coordinación. “Ahí vemos cómo editoriales, ensayos y autores están funcionando muy bien”, añade Palau. En resumen: a Pío Moa le han puesto el lacito ‘cool’.

Y ahí es también donde entra el negocio. Este editor reconoce que su gremio está ahí para pescar qué es lo que palpita: “Si hago un libro de izquierda extrema y no lo vendo, me van a dar un toque. Todos tenemos cierta responsabilidad, pero ahora vivimos en un tiempo en que a nivel internacional la derecha ha tomado el rol revolucionario, es ese ‘vamos contra lo establecido», reconoce Albi. En la misma línea va Tomás Rodríguez, para quien el furor por todos estos libros antisistema de derechas “está muy marcado por los medios de comunicación: la brújula está muy orientada; los medios, al igual que una editorial, miden su nicho de consumo, y si hay un nicho que rentabiliza, lo va na hacer”. Es decir, los libros con el discurso antiprogre se publican porque funcionan (y, además, es muy probable que salgas en la tele) como hace no tanto hubo esa ebullición de libros feministas y pelotazos como el de Leticia Dolera (también en Planeta).


¿Cómo funciona el fenómeno?

Albi conoce bien el mundo editorial y cómo funcionan estos fenómenos. Hace unos años, trabajó para Temas de Hoy precisamente con un libro de Jiménez Losantos que vendió muy bien. Este es el lado positivo, pero hay otro un poco más gaseoso. Según este editor, al fin y al cabo, este tipo de libros “no son fenómenos literarios, sino personales y en realidad mediáticos. Son autores con un nivel muy alto de adscripción, crean mucha tribu y se posicionan enseguida como número uno, pero aguantan poco. Es el caso de Seguí o ahora Esperanza Aguirre con su libro ‘Sin complejos’. Si miramos en GFK [la biblia de los datos de ventas de libros, a la que no hay acceso público], vemos muchos de esos libros contra el feminismo, a favor de la unidad de España, contra la mala gestión de la pandemia. Sí, es ese discurso de la derecha facilona y populista… de Ayuso, que funciona. Pero luego se queda todo en la tribu”.


Lo cierto es que hay una tribu a la que están llegando ahora estos libros y son los que tienen menos de 30 años. Lo dice Oriol Alcorta, editor de Península, un sello que era muy progresista hace años y se fue moderando tras su entrada en Planeta. Son personas que leen a tipos que han salido del mundo de las redes sociales. “Es gente que consume otros canales que escapan a los convencionales. Están en YouTube, Twitter,
TikTok, y allí hay ahora un nuevo fenómeno de personajes que están polarizando el pensamiento, porque eso les da muchos beneficios y tráfico”, manifiesta este editor. Aquel fue el hábitat natural de Jordan B. Peterson y sus reglas de virilidad. “Y Peterson se vendió muy bien y destapó una gran cantidad de público lector que no estaba encontrando esos libros. En realidad, apelan a una juventud perdidísima buscando mentores”, admite Alcorta que, no obstante, cree que habría que empezar a tener cierto cuidado con estas figuras tan polarizadoras en las redes. “Todavía estamos a tiempo de solucionarlo. El editor vive del mercado, pero como sociedad debemos tomar todos conciencia”.

Pero no parece que haya llegado todavía ese momento. Los signos demuestran lo contrario. Tomás Rodríguez sostiene que aún quedan unas cuantas batallas en la política española. “Va a seguir el asunto de la nación, el debate educativo va a ser muy intenso, el problema de la inmigración no hace sino abrir una vía de agua… Y estamos en el modelo de consumo del ‘clickbait’, también las editoriales, un modelo compulsivo en el que todos queremos subirnos a la ola y colar nuestras cosas. Y, con eso, estamos renunciando a un formato de libro que es mucho más complejo”, explica. Y recuerda que la fragmentación de la izquierda en la batalla de ideas tampoco ayuda a hacer frente a los discursos más extremistas. “Por ejemplo, con el tema de la familia. En España no hay planes de familia, quien más ha defendido a la familia fue Zapatero, pero la izquierda ya ha renunciado a batallar por esta idea, así que va a ser la derecha la que capte la idea de familia o la idea de nación”… Y, al final, un coladero para las listas de los libros.






No hay comentarios:

Publicar un comentario

Pages