La "debacle" de la derecha en Francia… bien la quisiera un derechista español - Biblioteca de Cartago

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lunes, 28 de junio de 2021

La "debacle" de la derecha en Francia… bien la quisiera un derechista español

Ayer tuvo lugar la segunda vuelta de las elecciones regionales en Francia. Por un lado no es una información que esté teniendo mucha repercusión en los grandes medios españoles, pero por otro además algunos de los análisis que se pueden encontrar al respecto, particularmente en los medios de la izquierda, resultan bastante alienígenas. En realidad, teniendo en cuenta que la mayoría abrumadora de los medios españoles son izquierdistas, su silencio sobre los resultados ya es un primer indicador de que los resultados no les han gustado. Obviamente una victoria de la izquierda hubiera tenido una notoriedad mediática muy distinta. No obstante, asegurar a quien rebuscando consigue encontrar la noticia que se ha producido algo así como un fracaso de la derecha, por no decir una debacle, es algo que hace frontera entre lo falso y lo delirante.

Por resumir rápidamente los resultados, para empezar resulta que la abstención ha sido abrumadora: un 66%, casi idéntica a la de la primera vuelta. La primera debacle electoral ha sido la propia participación en las elecciones. La pregunta lógica sería qué participación mínima sería exigible en unas elecciones para que el resultado fuera representativo y legítimo. ¿Es legítimo llegar al poder con un 33% de participación? ¿Lo sería con un 20%? ¿Con un 10%? ¿Debería haber un límite? ¿Dónde ponerlo entonces? ¿Por qué la gente no participa en Francia en las elecciones?

Naturalmente la gran derrotada en estas elecciones se nos dice en los grandes medios progresistas que es Marine Le Pen, que ni siquiera participaba en las elecciones. La debacle del partido de Le Pen y el fracaso de la derecha es que Renaud Muselier, el candidato de la “derecha clásica” en la región clave de Provenza-Alpes-Costa Azul (PACA) , ha obtenido según las primeras estimaciones un 57% frente al 43% de Mariani, el candidato del Frente Nacional de Le Pen, ahora llamado Reagrupamiento Nacional. Es decir, a la izquierda le ha ido tan mal allí que en la segunda vuelta no tenía ningún candidato y la elección se dirimía entre un candidato de la derecha, que ha obtenido el 57%, y un candidato de la extrema derecha, que ha obtenido el 43%.

A escala nacional, los resultados preliminares indican que la derecha moderada de Los Republicanos (algo así como el equivalente del PP) ha obtenido el 38% de los votos, el bloque de todas las izquierdas incluyendo socialistas, comunistas y ecologistas, un 35%, la denominada extrema derecha un 20% y el centro de Macrón alrededor de un 7%. Haciendo una extrapolación un tanto osada, sería como si el PSOE, Podemos y sus socios obtuvieran el 35% de los votos, el bloque PP (38%), VOX (20%) y Ciudadanos (7%) obtuviera el 65% y a eso le llamáramos fiasco de la derecha, hundimiento de la extrema derecha o que la izquierda resiste y salva los muebles.

Existe no obstante una diferencia notable a la hora de realizar extrapolaciones con Francia y es que allá rige el sistema de segunda vuelta. Es por ello que, por ejemplo, en Francia a la “derecha clásica” que aquí se podría identificar con el PP le funciona el “cordón sanitario” a la extrema derecha. Es decir, a la segunda vuelta, por la debilidad de la izquierda, sólo pasan los dos candidatos más votados, que en muchos lugares eran uno de la derecha clásica y otro de la extrema derecha. O sea, la derecha clásica francesa le ha hecho el vacío a la extrema derecha para captar el voto de izquierda, poniendo al votante de izquierda en la tesitura de o votar a la derecha clásica o propiciar una victoria de la extrema derecha. Obviamente esto no tiene sentido que Casado lo intente hacer en España donde no hay segunda vuelta, donde no se la juega con VOX como rival y donde de hecho tiene que sumar y no excluir para formar una alternativa a la izquierda. El cordón sanitario no tiene sentido en el sistema electoral español, es regalarle el poder a perpetuidad a la izquierda.

Otro dato a tener en cuenta es que, pese a tener la extrema derecha un 20% del voto, en la segunda vuelta a menudo sólo pasan el candidato de la derecha y el de la extrema derecha. Esto sucede porque una parte significativa del voto de la extrema derecha no se lo quita a la derecha, sino a la izquierda. Por consiguiente, pese a tener la extrema derecha un porcentaje de voto tan alto como el 20%, la derecha clásica sigue teniendo un porcentaje de voto más alto que la izquierda, por eso sólo pasan a la segunda vuelta en muchos lugares los candidatos de las derechas.

Por lo demás, los resultados ya en la primera vuelta no fueron muy distintos a los de la primera. Es decir, ni la abstención ni el reparto del voto entre bloques en la segunda vuelta se explican sólo por los resultados de la primera. Tampoco tiene mucho sentido pretender que para la extrema derecha, en un mano a mano con la derecha, sea una debacle no superar el 50% de los votos, aunque efectivamente eso le prive de la victoria a sus candidatos. Quien vive en una debacle permanente es la izquierda. O sea, seguir teniendo unos resultados catastróficos no es resistir ni aguantar bien el embate, es seguir sin levantar en absoluto cabeza. Más aún, el resultado del Partido Socialista en solitario pondría en cuestión su propia existencia. ¿Tardaremos mucho en ver algo parecido en España?

©España Confidencial





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