Ese morito que llega nadando con botellas de plástico colgadas a la espalda - Biblioteca de Cartago

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martes, 8 de junio de 2021

Ese morito que llega nadando con botellas de plástico colgadas a la espalda

Ese morito que cruza a nado los escasos metros que separan Marruecos de la frontera española en Ceuta, lleva colgando a la espalda unas cuantas botellas de plástico vacías que le sirven de salvavidas. Y también carga a la espalda, flotando junto a las botellas, el futuro de su estirpe. También el no-futuro de nuestra civilización.
A nado, en su rústica menesterosa intendencia que le sirve para viajar de un lado a otro del mundo, nos trae lo peor de una realidad que unos o quieren ver y otros ven demasiado, la evidencia de que nuestros días de bostezo y lamentos de lujo terminan. Empieza la verdad de la historia y no tenemos sitio en ella.

Lo ves nadar torpemente, como un pato mareado, arrastrando esas botellas viejas que a lo mejor lo libran de morir ahogado, y sientes lástima por él, condescendencia en el peor de los casos. Puede que incluso esboces una sonrisilla paternalista: “infeliz… ¿dónde vas?”.

No tengas pena por él, no lo compadezcas, no te sientas seguro, opulento y protegido por la ley y por la OTAN, en tu fortaleza/vanguardia de occidente, mientras él pelea contra las olas y se agota hasta llegar a la orilla, donde tirita de frío. No te presupongas superior en tu resguardo, porque estás haciendo el ridículo. Ese morito que llega hecho trizas y se entrega a los brazos acogedores del ejército es heredero de un raza antigua y poderosa, tiene más voluntad de ser que todos nosotros juntos, más coraje que una manifestación de sanitarios cabreados, más esperanza que un domingo en misa y más posibilidades de conquistar el futuro que todas las asambleas de indignados convocadas en España, por whastapp, en los últimos quince años; muchas más que todas las manifestaciones de jubilados precarizados, ambulantes por nuestras ciudades desde que la palabra “congelación” llegó a sus vidas tranquilas, de petanca a las once y vinacho a mediodía, con boquerones de tapa.

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